Parroquia de San Antonio - Zaragoza

Matrimonios

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Cursillos prematrimoniales

Las fechas son:

FEBRERO 23-24 DEL 2019
MARZO 30-31 DEL 2019
MAYO 4-5 DEL 2019



Horarios:
Sábado de 10 a 20 horas (la comida compartida).
Domingo de 10 a 13 horas (Eucaristía incluida).

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23 DICIEMBRE 2018 – 4º DOMINGO DE ADVIENTO

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1, 39-45.

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo  de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó  Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: 
—«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! 
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a  mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído,  porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

¡Bendita tú entre las mujeres!

por José María Fonseca Urrutia - ofmcap
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¡Bendita tú entre las mujeres!

Este recorrido del adviento termina con María, la mujer bendita, la elegida como resplandor de una humanidad en búsqueda. María es la madre, y el nacimiento tiene siempre el gran protagonismo de la mujer. No solamente es importante la persona que nace, también esa persona que de quien se nace. Madre e hijo siempre están marcados por la cercanía que da vida. Y María llevaba en su seno al hijo de la salvación, a una presencia de Dios que se encarna y nos diviniza. María la bendición de Dios allá donde vaya. Al leer este evangelio de Lucas la vemos expandir su presencia a otros lugares, haciendo ese recorrido que le lleva a casa de Isabel.

El evangelio de este último domingo de Adviento nos invita a la apertura. María se entera de que su prima Isabel está en necesidad, pues siendo mayor también está en estado. La preocupación por Isabel hace que María se olvide algo de sí misma y se lance a la aventura del darse, del ayudar, de arriesgarse al servicio de la otra persona. Servir, como hizo María a Isabel, es una aventura. Imaginemos el recorrido de Nazaret a Ain Karen, lugar donde vivía Isabel. Imaginemos el encuentro de sorpresa entre las dos mujeres. Imaginemos… contemplemos… oremos…

Todo servicio es aventura de donación, porque suscita en nosotros unas experiencias novedosas, descubriéndonos en esas fuerzas atrevidas de darnos a los demás, sin pretensiones comerciales, sin esperar nada a cambio, solamente dar con generosidad, manteniendo la esperanza de que la vida vaya creciendo en bondad, en justicia, en verdad.

El dar produce amor, y el amor es fecundo. Cuando Isabel descubre a María se agita de entusiasmo, y exclama: ¿Cómo se me concede…? Descubrir la bendición de Dios, como hizo Isabel, es una gracia que no todos están dispuestos a recibir. Pero esa gracia da la felicidad: ¡Bendita tú entre las mujeres!

Dejémonos sorprender por Dios y seamos su bendición (cf. Gn 12,2).

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16 DICIEMBRE 2018 – 3º DOMINGO DE ADVIENTO

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 3, 10-18.

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
—«Entonces, ¿qué hacemos?» 
Él contestó: 
—«El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga  comida, haga lo mismo.» 
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: 
—«Maestro, ¿qué hacemos nosotros?» 
Él les contestó: 
—«No exijáis más de lo establecido.» 
Unos militares le preguntaron: 
—«¿Qué hacemos nosotros?» 
Él les contestó: 
—«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.» 
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: 
—«Yo os bautizo con agua;pero viene el que puede más que yo, y no merezco  desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego;tiene  en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar  la paja en una hoguera que no se apaga.» 
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

Compartir con quien no tiene.

por José María Fonseca Urrutia - ofmcap
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Compartir con quien no tiene.

“¿Qué debemos hacer?” Quizás no sea esta la pregunta que más salga de nuestros labios. Hoy lo sabemos todo. Vivimos en una sociedad en la que todo se sabe. Las personas tienen juicio para cualquier acontecimiento y valoran con atrevimiento sobre el bien y el mal, absolviendo o condenando. Es cierto que las afirmaciones o las negaciones que surgen de nosotros están especialmente condicionadas por los medios de comunicación. A decir verdad, son ellos los que nos proponen qué tenemos que decir, más aún, qué tenemos que pensar, e incluso qué tenemos que hacer. Y cuando lo hacemos nuestro, lo dogmatizamos, con la dureza de una roca, pues nuestros convencimientos se transforman en evidencias indiscutibles. ¿Dónde está la verdad?, qué importa. Lo verdaderamente importante es lo que pensamos, lo que sentimos, lo que, sin darnos cuenta, nos han dicho y se ha hecho popular. Eso nos sitúa en una dinámica cambiante, y nos dejemos llevar por las modas, por lo que corre en los medios virtuales, en los comentarios superficiales. De ahí que algunos estudiosos hablen de nuestra sociedad como algo “líquido”, sin consistencia.

Y, sin embargo, todavía queda ese aliento del buscador, de quien quiere saber la verdad: ¿Qué debemos hacer? El cristiano está siempre expectante, se sitúa en búsqueda, hace resonar en su corazón ese deseo de Francisco de Asís: “Señor, ¿qué quieres que haga?”.

Nuestros caminos para descubrir la verdad y el valor de nuestros actos están en crisis. Necesitaríamos pensar, escucharnos en el silencio de nuestro interior, hacernos suficientes preguntas sobre nuestros sentimientos, nuestros valores, nuestras acciones, nuestros proyectos. El evangelio de este tercer domingo de adviento nos propone una manera de vivir en este mundo: el camino del compartir. Las respuestas de Juan el Bautista ante la pregunta de quienes buscaban la verdad, fueron suficientemente claras para que los oyentes pudieran buscar una respuesta a la vida. Compartir en la justicia es el camino, les decía el profeta.

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2 DICIEMBRE 2018 – 1 DOMINGO DE ADVIENTO

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 21, 25-28. 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:  —«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las  gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedaran sin  aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los  astros se tambalearán.  Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.  Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.  Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de  la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre  todos los habitantes de la tierra.  Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por  venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

¡Levantad la cabeza, llega vuestra liberación¡

por José María Fonseca Urrutia - ofmcap
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9 DICIEMBRE 2018 – 2º DOMINGO DE ADVIENTO

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 3, 1-6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato  gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de  Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y  Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.  Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para  perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta  Isaías: 
«Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo  escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

La fuerza del desierto

por José María Fonseca Urrutia - ofmcap
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La fuerza del desierto

Vamos entrando en el adviento y este segundo domingo nos ofrece la experiencia del desierto, lugar inhóspito y atrevido. El desierto es espacio de lucha y de descubrimiento. En el desierto no hay caminos, por eso el grito del profeta nos parece arriesgado: “Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor.” ¿Qué camino puede surgir en este nuestro desierto de la vida? ¿Dónde poner nuestra mirada para enderezar lo sinuoso, lo torcido, lo que va a ninguna parte? Es el grito de tanta gente que busca un algo que los oriente, que les dé esperanza y les empuje hacia esas necesarias respuestas de vida, de paz y serenidad. Podemos hacer recuerdo del poeta: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.” Es eso a lo que nos anima el texto del evangelio de este domingo: hagamos camino al andar por un desierto que necesita sendas de justicia y de paz, por el compromiso de construir el bien en esos espacios privilegiados del perdón.

Vamos buscando el bien, y nos encontramos con el mal; queremos construir, y nos da impresión que el mundo va por caminos de autodestrucción; anunciamos la paz y suenan tambores de guerra; queremos compartir, y todavía queda hambre, tristeza, soledad. Nos encontramos en el desierto y tenemos una tarea que realizar: enderezar los caminos sinuosos, atreviéndonos a denunciar injusticias; nivelar los barrancos de las angustias y de los vacíos existenciales, dando sentido a la vida, impulsándola hacia el equilibrio de la bondad y de la felicidad; abrir sendas nuevas de paz y bien. Es el camino que nos impulsa este adviento, pasando de observadores a participantes de un mundo mejor, en el que se pueda contemplar la salvación que nos envía Dios.

José María Fonseca Urrutia - ofmcap Inicio

¡Levantad la cabeza, llega vuestra liberación¡

El Adviento de este año comienza con una invitación abierta a la esperanza. Parecerá mentira, pero la sociedad en la que vivimos no siempre nos ofrece espacios que nos dejen respirar, por lo que fácilmente nos sentimos agobiados, envueltos en esas pesadillas de ansiedad ante tantas situaciones que nos oprimen y nos angustian. Las inquietudes no terminan y necesitamos un nuevo aire, algo más saludable en ese deseo impetuoso por ser felices, por conseguir una libertad que nos serene y nos envuelva en el gozo de la vida.

El grito de este adviento nos ofrece el anuncio de una liberación que nos sitúe en la dignidad de ser personas, de encontrarnos con nosotros mismos y de favorecer la alegría de la vida en el encuentro con las demás personas. El relato que este evangelio pone en boca de Jesús nos puede parecer catastrófico. Es posible que, de alguna manera, lo podamos reconocer en nuestro ambiente, en todo aquello que nos publican los periódicos o todas esas escenas que nos ofrecen los medios de comunicación. Las preocupaciones de la vida no nos dejan, pero los cristianos mantenemos la esperanza.

La esperanza es una expresión especialmente cristiana. No podemos apropiárnosla, pues hay otras personas que viven sus vidas con esperanza. Pero quienes descubrimos el impulso y el compromiso de seguir a Jesús de Nazaret, podemos reconocer que esa esperanza tiene un color especial: la liberación. Esa es la invitación de este adviento: la liberación de tantas cosas que nos van esclavizando. Cada quién sabrá en qué situación se encuentra, y las múltiples ataduras que encuentra en su propia vida, pero no perdamos la esperanza, porque el evangelio de este comienzo del adviento nos invita a levantarnos con dignidad y con fortaleza, sabiendo que es el tiempo de nuestra liberación.

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